Historia
היסטוריה
La Francmasonería (del francés franc, “libre”) surge entre los últimos años del siglo XVII y los primeros del XVIII, aunque existen logias que se remontan al siglo XVI. Los masones se reunían con el propósito de practicar la tolerancia y el diálogo libre, algo poco común en una época dominada por los dogmas religiosos y las monarquías absolutas.
Los antiguos gremios medievales de constructores, canteros y albañiles —los llamados masones operativos— cultivaban el conocimiento de la arquitectura y mantenían normas de convivencia sorprendentemente igualitarias para su tiempo. Con el avance de la ciencia y la difusión de sus secretos, comenzaron a admitir en sus logias a personas ajenas al oficio que buscaban un espacio de reflexión y fraternidad. Así nacieron los masones aceptados, constructores simbólicos que trabajaban con el pensamiento más que con las manos.
Las logias se convirtieron en lugares de encuentro entre personas de distintos orígenes, creencias y culturas, promoviendo la fraternidad especulativa en una Europa marcada por conflictos y divisiones. Los símbolos, herramientas y lenguaje de los antiguos constructores se transformaron en instrumentos de crecimiento interior, destinados a edificar un templo que no es de piedra, sino el propio ser humano, y con él, una Humanidad libre y digna, cimentada en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.
La Masonería especulativa se consolida en 1717, cuando cuatro logias londinenses fundan la Gran Logia de Londres y Westminster, primera federación masónica de la historia. En 1723 se publican las célebres Constituciones de Anderson, que fijan los principios de la Orden y establecen que el iniciado debe ser “hombre libre y de buenas costumbres” y creer en un principio espiritual.
Con el tiempo, la Masonería evolucionó junto a la sociedad. Desde 1877, el Gran Oriente de Francia y otras obediencias europeas dejaron de exigir la creencia en una divinidad revelada y comenzaron a admitir mujeres en igualdad de condiciones, marcando una diferencia esencial con la Masonería anglosajona.
Durante los siglos XVIII y XIX, la Masonería vivió un proceso de democratización: de círculos ilustrados y burgueses pasó a integrar personas de origen popular, vinculadas al movimiento obrero y sindical. Su compromiso con la libertad, la democracia y el progreso humano la convirtió en una fuerza activa en la construcción de sociedades laicas y tolerantes.
En España, la Masonería sufrió una dura persecución durante la dictadura franquista, especialmente a través del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (1939–1963). Aquella represión dejó una profunda huella y alimentó prejuicios y falsedades que aún persisten.
Hoy, en el siglo XXI, la Gran Logia Simbólica Española representa una Masonería viva, integrada por hombres y mujeres libres, comprometidos con los valores humanistas y democráticos, la tolerancia, la reflexión y la defensa de los derechos humanos.
